La financiación colectiva o crowdfunding es una forma de financiación basada en aportaciones económicas, a menudo en pequeñas cantidades, proveídos a proyectos específicos por parte de personas de la comunidad. Este objetivo se logra generalmente hacienda uso de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. La fórmula que sustenta el crowdfunding es simple. Dado que el ingreso se obtiene como el resultado de multiplicar el “precio unitario” por la cantidad, el propósito final es obtener la misma cifra de ingresos totales a partir de un “precio unitario” más bajo. El único modo posible de resolver esta ecuación es aumentando la masa crítica, es decir, logrando que los individuos que integran una gran audiencia (the “crowd") aporten cada uno de ellos una pequeña cantidad de dinero. La aportación puede adoptar la forma de participaciones en el capital, préstamos, donaciones o incluso la preventa de producto o servicio ofrecido (Belleflamme, Lambert y Schwienbacher, 2012).
Desde su aparición y desarrollo gracias a la generalización del uso de las nuevas tecnologías, el crowdfunding se ha empleado para financiar diferentes proyectos, tanto de índole social como de cualquier otra naturaleza.
A partir de ese instante, en medio de una crisis de tal calado que ríete tú de la profundidad de las fosas de Las Marianas, el crowdfunding no ha hecho más que crecer, hasta el punto de que se han llegado a identificar más de 40 plataformas de financiación colectiva de habla hispana. Algunas de estas plataformas son generalistas, quedando abiertas a la financiación de cualquier tipo de proyecto; mientras que otras se especializan en determinados campos: proyectos artísticos, creativos o culturales (por ejemplo, Montatuconcierto, Firstclap o Bandeed, entre otras), deportivos (por ejemplo, patrocinalos), sanitarios (por ejemplo, curable) o científicos (por ejemplo, Funds For Research-F4R o Vorticex).
Pero el campo de aplicación del crowdfunding no tiene límites. La experiencia que hoy presentamos sitúa a la innovación social al servicio de la justicia social. José Valls Casanova fue fusilado el 2 de septiembre de 1938 en el municipio de Borriol, en la provincia de Castellón. José fue detenido el mismo día que las tropas franquistas tomaron el pueblo, el 13 de junio de ese mismo año. Dos semanas después fue sometido a procedimiento sumarísimo y sentenciado a muerte. Según sus familiares, José era una "persona comprometida, de izquierdas, y poco más”. Antes de ser fusilado fue obligado a cavar su propia fosa en una jardinera de cementerio de la localidad.
Gracias a la solidaridad grupal, la única hija viva de José Valls, de 86 años de edad, ha podido por fin gritar, denunciar y llorar en público, algo que nadie hizo en aquellos años de terror colectivo. En pocos días, casi trescientas donaciones anónimas (de entre 20 y 30 euros, por término medio) han obrado el milagro.
En breve, la mirada cansina de Antonia Valls podrá sellar para siempre el doliente pasado de una historia que nunca hubo de comenzar.
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